El 30 de octubre de 2025, en el Foro de la Paz de París, bajo el lema «Nuevas coaliciones para la paz, los pueblos y el planeta», diez años después del Acuerdo de París, la ambición compartida ya no puede seguir siendo una simple intención: debe traducirse en acciones medibles y financiadas. En un contexto internacional marcado por la fragmentación geopolítica y la tensión en los espacios de diálogo, el Foro recordó la utilidad del multilateralismo y la autoridad de la evidencia científica, dos condiciones necesarias para avanzar conjuntamente en materia de clima y biodiversidad.

Los debates pusieron de relieve tres prioridades: reforzar la ambición climática con trayectorias creíbles compatibles con 1,5 °C y mecanismos de rendición de cuentas capaces de convertir los compromisos en resultados; acelerar la eliminación gradual de las energías fósiles, en el centro de los debates sobre la seguridad energética, la estabilidad económica y la justicia social; y situar la naturaleza en el centro de la acción climática, ya que la restauración de los ecosistemas constituye una vía estructurante tanto para la mitigación como para la resiliencia.

En este contexto, recordé el papel de la UICN: tender puentes entre la ciencia y la toma de decisiones públicas, entre el clima y la biodiversidad, y entre los actores internacionales y la implementación local. Al movilizar su red mundial de miembros y expertos, la UICN contribuye a desplegar soluciones basadas en la naturaleza, a orientar el aumento de la ambición en materia de biodiversidad y a afianzar la conservación como base de la resiliencia climática.

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