Estoy convencida de que la protección de la biodiversidad pasa por la sensibilización del público joven.
Como madre y experta en medio ambiente, esta convicción es tanto personal como profesional.
Me he dado cuenta de hasta qué punto el interés por la naturaleza se forja tanto con lo que inculcamos como con lo que recibimos. Yo misma me he beneficiado de un legado familiar que ha favorecido el desarrollo de esta sensibilidad por el medio ambiente y, en mi papel de madre, siempre he tratado de transmitirlo a mi vez.
Así, he tenido el placer de trabajar con niños en colegios, sobre todo gracias a las herramientas pedagógicas desarrolladas por la LPO, como la identificación de aves y sus cantos mediante pósteres interactivos, o la observación y el recuento de aves en un parque o en los alrededores del colegio. Son experiencias sencillas, pero que permiten que la vida sea más accesible para todos.
Sensibilizar a los niños sobre la vida no debe quedar al margen de las políticas de biodiversidad; la educación sobre la naturaleza debe ser una de sus prioridades.
Por eso, también he querido llevar esta convicción más allá de los centros escolares, involucrando y contando con la participación de representantes de la LPO en encuentros internacionales. Estoy convencida de que la transmisión de conocimientos, experiencias y valores relacionados con la conservación contribuye a formar a los embajadores y a los responsables políticos del mañana.