El 4 de diciembre se organizó una cena de trabajo al margen de la reunión conjunta de los autores del IPCC, que marca el lanzamiento del 7.º informe de evaluación (AR7), previsto entre 2028 y 2029. Este momento brindó la oportunidad de intercambiar opiniones con algunos de los científicos movilizados para este nuevo ciclo, reunidos para articular conjuntamente las tres grandes dimensiones del informe: la ciencia del clima, los impactos y la adaptación, y las opciones de mitigación. Una forma muy concreta de recordar que, para ser útil, el conocimiento debe construirse de manera coherente y legible, relacionando los diagnósticos con las trayectorias de acción.

En un contexto posterior a la COP30, en el que las trayectorias de emisiones siguen estando lejos del objetivo de 1,5 °C, esta secuencia —por invitación de Yann Wehrling y Valérie Pécresse— también recordó un punto esencial: el apoyo político a la independencia del IPCC es una condición para la eficacia climática, especialmente ante el aumento de la desinformación.

Por último, esta cena puso de relieve la responsabilidad que ahora recae sobre los actores públicos: garantizar que los resultados del AR7 no se queden en meras constataciones, sino que se traduzcan en políticas climáticas más creíbles, planes de adaptación territoriales realmente dimensionados y mecanismos de solidaridad a la altura de las vulnerabilidades.

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